Ídolos caídos

Julio 11, 2008

Al cierre de mi jornada laboral hoy en Yahoo!, preparé un paquete informativo para México y Estados Unidos sobre Tony Zendejas. Hace veinte años Zendejas era apodado el pateador perfecto, había logrado por primera vez en la NFL anotar todos los goles de campo que intentó, un total de 17. Era héroe nacional de México y orgullo de Michoacán, la región donde nació.

Hoy Tony Zendejas fue arrestado en California con cargos por violación y uso de sustancias prohíbidas. Una mujer que se sentó en su restaurante, se tomó un trago que Zendejas le ofreció y luego despertó desnuda y violada en un motel.

De inmediato vinieron a mi mente episodios de muchos deportistas que tuvieron el mundo en sus manos y antes o después terminaron siendo señalados de crímenes de mayor o menor calibre. Michael Vick -uno de mis ídolos personales- el mariscal de campo que llegó a salvar la franquicia perdedora de los Falcons de Atlanta. El superatleta con las piernas de un velocista de 100 metros planos, un cohete en su brazo izquierdo, el cuerpo de un linebacker y la inteligencia de un ajedercista en el campo, terminó en la cárcel y la semana anterior se declaró en quiebra con deudas calculadas en 50 millones de dólares. Mike Tyson, para muchos el boxeador más poderoso de la historia, tiene en su prontuario casi todos los delitos existentes, O.J. Simpson, asesinó a su esposa y al amante de esta, Omar Orestes Corbatta y Garrincha pasaron de ser adorados por los aficionados a morir como animales tirados en un rincón.

Doc Gooden y Darryl Strawberry hicieron las delicias de los aficionados al béisbol y luego se convirtieron en basuras públicas, Micky Mantle, el mick, pasó de ser el más grande de los Yankees al borracho número uno de los Estados Unidos, murió derrotado por las enfermedades que acumuló durante sus años de rochela. Antonio Cervantes Kid Pambelé, el único boxeador colombiano en el Hall de la Fama, es generador de lástima colectiva. La lista seguiría, podría llenar hojas citando ejemplos, pero lo que me asalta es la pregunta, ¿por qué?

Por qué estos seres mágicos con el mundo a sus pies bajan a dar una pruebita al infierno de Dante, y la mayoría se queda allí. Los factores son múltiples y me parece que sería necesario estar acompañado de sicólogos, siquiatras, sociólogos, antropólogos, periodistas, deportistas, técnicos, dirigentes, y otra cantidad de personas que formaran una gama tan amplia como la sociedad misma para encontrar la explicación.

Sin embargo me atrevo a sugerir una razón que me parece el eje de la catástrofe, la base del desmorone del deportista ante la sociedad. La educación es la causa principal.

Estoy seguro que muy pocos de los ídolos caídos tienen una estructura académica, social y cultural que les permita ser útiles para la sociedad en una actividad distinta a la deportiva, esto sumado a lo corto de la carrera profesional de un atleta en referencia a otras actividades humanas ahonda el problema y rematado por el concepto desechable que todos los consumidores del deporte tenemos acerca del deportista, pues lo disfrutamos y adulamos cuando está produciendo alegrías y lo tiramos a la basura cuando llega uno mejor. Dan como resultado una triste realidad que nos grita desde todos los rincones del mundo por algo de ayuda.

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