El 888

Junio 25, 2008

birds nestLa cuenta regresiva para el 8 de agosto de 2008 está en marcha y yo me pregunto, aparte de la máquina de mercadeo de las grandes marcas derrochando millones en publicidad, de las disputas ancestrales entre chinos y tibetanos, de las profundas preocupaciones por la contaminación del medio ambiente en la lugubre ciudad de Pekín y de un aparato de seguridad con lanzamisiles incluídos alrededor de las sedes olímpicas, hay alguien realmente vibrando los días previos de los Juegos Olímpicos.

Yo encuentro dos grandes razones para la caída del carácter sublime que antes tenían los Juegos. La guerra fría y la profesionalización de las justas hicieron perder gran parte de la mística y el honor de los olímpicos.

Cuando existía la guerra fría, había dos bandos marcados, los rusos y sus países adeptos eran los chicos malos y los gringos los buenos de la película. Los boicots en Moscú y Los Ángeles de los años 80, la división de las coreas, de las alemanias, Cuba, los deportistas aficionados legendarios. Quien no sabe la historia de Jesse Owens en el estadio Olímpico de Berlín, Nadia Comaneci y su diez perfecto, de Mark Spitz y sus escamas en la piel, de Carl Lewis y su pacto con el viento, de la selección de baloncesto rusa o Abebe Bikila corriendo descalzo por las calles de Roma en 1960 y colgándose por primera vez un oro para África.  La tensión política llevada al escenario deportivo y los atletas aficionados convertidos en mitos de carne y hueso eran un platillo demasiado atractivo para los seres que habitabamos el planeta.

Luego llegó un giro inesperado y todo cambió. Depronto los rusos estaban occidentalizados, no había amenaza latente de una guerra que destruiría el planeta y los profesionales invadieron un terreno sagrado. Ahora Estados Unidos era el país más odiado del planeta y sus deportistas multimillonarios encabezaban una nueva era en los olímpicos.

Las gestas heroicas de antaño fueron reemplazadas por atletas hollywoodenses que hacían parte de paquetes de marketing de grandes marcas y el deporte pasó a segundo plano. 

Hoy no se habla de hombres y mujeres que dedican sus vidas a prepararse para entregarle a su país una medalla y ser considerados héroes nacionales de por vida, el tema hoy es el material de los trajes de baño de los juegos, desarrollados por empresas asociadas con la NASA que da ventaja a quien tenga el dinero para comprarlo y así asegurar medallas. Hoy el tema es si los jugadores de la NBA y los que jugarán el torneo de fútbol olímpico quieren ir a Pekín o prefieren descansar en las playas de una isla del caribe después de la temporada profesional que jugaron. Hoy el tema es si los deportistas que decidan ir, van a recibir el permiso de sus multimillonarios clubes que les pagan sumas astronómicas, para participar en unos juegos que se hacen en verano en alguna ciudad del mundo y que no son tan importantes como su inversión.

Hoy el tema es que este mundo estilo fast food, también se apoderó de mis amados juegos olímpicos.